logo
CAS separador CAT separador ENG
artistas ahora próximamente histórico noticias publicaciones enlaces contacto  
invisible
 
"Pavilion" de Karin Kneffel en el pabellón Mies Van der Rohe
del 04/10/2014 al 20/10/2014  

 

<
Vista exposicion

La ausencia del original

La obra de Karin Kneffel, realizada en 2014 especialmente para el Pabellón de Barcelona, consiste en dos pinturas al óleo, ambas de 180 x 300 cm. Los cuadros hacen referencia, por un lado, a la ausencia del pabellón original de 1929 y a su carácter único –con su forma original que se intuye y se ve en algunas fotografías en blanco y negro encargadas por Mies van der Rohe– y, por otro lado, a la reconstrucción del pabellón realizada entre 1983 y 1986.

Por esta razón, Karin Kneffel se centra en dos aspectos: en primer lugar, las pinturas mantienen una referencia directa con el área expositiva, pero no solo se relacionan con el pabellón actual sino con la posición del espectador: sus movimientos y consideraciones forman parte del proceso artístico.

Por tanto, dedica mucha atención a la instalación de la obra: los dos cuadros, de espaldas uno con el otro, se colocan cerca del muro de vidrio que es lo primero que percibe el visitante.

El primer cuadro, que sólo puede verse a través del muro de vidrio del pabellón desde las escaleras de la entrada, muestra la estructura espacial del pabellón original. Siguiendo las reproducciones en blanco y negro, la artista permite la reaparición del pabellón histórico en su pintura –observado a través del muro de vidrio, como un reflejo de luz, proyectado por una luz azul. En una segunda mirada más atenta, el espectador distingue la huella de dos manos, como intuyendo la ausencia de un visitante anterior, destacando el aspecto voyeurístico: no solo se duplica el espectador (el que mira y el que deja la huella), sino que el muro de vidrio también sufre el mismo proceso. El muro de vidrio real se encuentra entre el visitante y el cuadro y, en consecuencia, mediante efectos espejo y reflejos, impide una visión directa, mientras que el muro de vidrio del cuadro está pintado también con efectos espejo y reflejos. 

Al entrar en el pabellón “real” –y este es el único artificio de Karin Kneffel– el visitante entra en el cuadro visto previamente: ve el mismo escenario, observado también por una señora de la limpieza situada en la esquina derecha del cuadro, pero ahora en la realidad todo es más grande, tridimensional y con más color. El espectador se convierte en un actor del mismo escenario visto previamente en el cuadro, se convierte en parte de la realidad actual, por medio de la pintura enriquecida por la Historia. 

Debido a la reconstrucción del pabellón, se observan diferencias en la estructura y textura de las superficies entre el edificio original y la reconstrucción. Esto se hace evidente en la materialidad y la impresión del muro de ónice. El espectador se encuentra en una realidad que solo se asemeja a la realidad vista previamente en la pintura. La artista ha pintado pasado y presente simultáneamente y de forma compactada, al mismo tiempo que la percepción y la experiencia forman parte del proceso de composición. Por medio de la ilusión creada en la pintura, se invita al visitante que entra en el pabellón a simular su reconstrucción.

En su ensayo “Entre hechos y ficción”, Armin Zweite escribe: “En un cuadro, a pesar del reconocimiento de documentos, obras artísticas y fenomenología de nuestra realidad asimilados, lo que se recuerda vagamente, lo que se ha experimentado inarticuladamente y lo que se ha asumido subliminalmente, se coagula en la concisión de una apariencia sensual.”

La segunda obra del pabellón, que correspondería a la perspectiva posterior de lo que acabamos de describir, se puede ver en el espacio de una forma natural, como si se encontrara en un museo. Las grandes gotas de pintura de delante impiden la “lectura” del cuadro y el espectador debe observarlo desde una mayor distancia para después acercarse y verla como un todo. Esta paradoja aparente claramente caracteriza la obra de Karin Kneffel: solo se puede experimentar el global de su obra en un punto medio entre proximidad y distancia, en un proceso constante de reflexión. Dos ejemplos: el espectador bien orientado reconocerá rápidamente la ubicación real del lado de jardín que está pintado en el cuadro. Al mismo tiempo, puede ubicar la misma localización en el cuadro, pero sólo a través del muro de vidrio del pabellón. El escenario se encuentra inmerso en una atmósfera propia del atardecer. De nuevo nos encontramos con una realidad cambiante: la escultura pintada, que se entrevé a través de los paneles del muro, no existe en el pabellón. En el pabellón real hay una escultura de Georg Kolbe, Mañana, mientras que el cuadro muestra otra escultura suya, Atardecer.  La escultura, una parte esencial del concepto de espacio de Mies van der Rohe, no se creó específicamente para el Pabellón de Barcelona, sino que desde 1925 forma parte del proyecto arquitectónico Ceciliengärten en Berlín, un complejo residencial con áreas verdes. Las dos esculturas de bronce Mañana y Atardecer se diseñaron especialmente para este proyecto y todavía se encuentran allí, una delante de la otra. Después de la reconstrucción del pabellón, una versión posterior de la escultura Mañana en bronce se encuentra en el edificio de Mies van der Rohe.

Ambas pinturas muestran la culminación artística de Karin Kneffel, que refleja la realidad en sus cuadros. La artista realiza una pequeña intervención en el espacio, pero ofrece un nuevo mundo de interpretaciones potenciales para el pabellón y sus visitantes.

Karin Kneffel nació en 1957 en Marl (Nordrhein-Westfalen). Vive y trabaja en Düsseldorf y Múnich, donde es profesora en la Akademie der Künste. Estudió en la academia de arte de Düsseldorf con Gerhard Richter. Ha expuesto en muchas galerías nacionales e internacionales importantes, entre ellas, en 1993, la Galeria Senda de Barcelona. Varias exposiciones en museos han contado con su obra. La última en “Haus Esters” en Krefeld, otro edificio de Mies van der Rohe, sobre la arquitectura del cual Karin Kneffel reflexiona, al igual que en el Pabellón de Barcelona, por medio de una serie de cuadros concebidos para este espacio específico. Sus obras están representadas en grandes colecciones tanto privadas como públicas. 

Texto: Gerrit Friese


invisible